¿Por Qué Tantos Niños Tienen Dificultades Emocionales?

Cada vez más niños presentan dificultades a la hora de tolerar la frustración o aceptar límites. No lo digo yo, las educadoras infantiles lo ven cada día.

Te dejo por aquí el video sobre «dificultades emocionales en niños» de mi canal de You Tube:

Crianza positiva mal entendida: cuando la empatía se convierte en permisividad

En los últimos años, la crianza positiva se ha convertido en una referencia para muchos padres. El problema es que, en numerosas ocasiones, su mensaje se interpreta de forma incompleta.

Se piensa que acompañar emocionalmente a un niño significa evitar el conflicto, decir siempre que sí, intentar que no se frustre o suavizar todas las situaciones que puedan causarle malestar. Así, la empatía se confunde con ausencia de límites.

¿Cómo poner límites sin dejar de ser empático?

Los niños necesitan límites sanos y claros, tanto como necesitan afecto. Necesitan normas coherentes para sentir seguridad, estructura para comprender el mundo y adultos que sean capaces de decir “no” sin perder la conexión.

Cuando los límites desaparecen, los niños se sienten desbordados, confusos y sin un marco que los sostenga. La consecuencia suele ser mayor impulsividad, frustración, baja tolerancia a la espera y dificultad para comprender qué se espera de ellos.

La crianza positiva no es permisividad. Es firmeza acompañada de respeto. Es validar la emoción del niño sin validar la conducta inadecuada. Es permitir que el niño experimente la frustración, el enfado o la tristeza, y estar allí para sostenerlo mientras aprende a regularlos.

Cuando este equilibrio se pierde, emerge una crianza desequilibrada que genera inseguridad en lugar de bienestar.

Es posible poner límites siendo amable y empático, tan solo hay que entender que los niños y los adultos tenemos prioridades diferentes. Cuando actuamos desde la comprensión, los niños se muestran más receptivos a cumplir las normas y nosotros nos dirigimos a ellos con más respeto.

Pantallas: sobreestimulación, desconexión y una infancia cada vez más acelerada

Pero la crianza positiva mal entendida no es el único problema, el uso temprano y excesivo de pantallas está modificando la forma en que los niños regulan sus emociones, se relacionan con los demás y desarrollan su atención.

Las pantallas ofrecen estímulos rápidos, cambios constantes y gratificación inmediata, algo que el cerebro infantil absorbe con facilidad. Sin embargo, ese ritmo acelerado no se corresponde con la vida real.

Cuando un niño pasa demasiado tiempo en pantallas, se reduce su tolerancia al aburrimiento. Le cuesta más esperar, más imaginar, más crear y más relacionarse sin estímulos externos.

Además, las pantallas se convierten en un regulador emocional externo: cuando está triste, se le pone un videojuego; cuando está inquieto, se le da el móvil; cuando está aburrido, se recurre a vídeos.

El niño aprende entonces que solo puede calmarse a través de estímulos digitales, no mediante sus propios recursos internos.

Si te preocupa la educación digital de tus hijos, tengo un curso para prevenir el abuso de las pantallas que te ayudará a usar la tecnología de forma equilibrada.

El impacto va más allá del comportamiento: interfiere en el sueño, la concentración, la interacción social y el vínculo familiar. Los niños necesitan juego libre, movimiento, contacto humano, naturaleza, creatividad y presencia.

Cuanto más tiempo pasan frente a una pantalla, menos tiempo tienen para aquello que verdaderamente construye su desarrollo emocional.

Falta de conexión y presencia: el vacío silencioso que sienten los niños

Hoy, más que nunca, los padres están presentes físicamente pero ausentes emocionalmente. El estrés, el ritmo acelerado, el trabajo y las pantallas afectan también a los adultos, que llegan a casa agotados, mentalmente saturados o distraídos. Y aunque haya amor, aunque haya intención, la conexión no siempre está.

Para un niño, la presencia emocional no es estar en la misma habitación: es sentir que el adulto lo mira, lo escucha, lo nombra, le dedica un tiempo en calma y comparte un espacio sin prisa.

Sin esa presencia, el niño siente un vacío que no sabe expresar, pero que se manifiesta en conductas desbordadas, búsqueda constante de atención, irritabilidad, inseguridad o hipersensibilidad emocional.

La presencia construye regulación. El niño aprende a calmarse a través del adulto que está disponible y conectado. Aprende a identificar emociones a través de la mirada y las palabras del adulto. Aprende a confiar cuando percibe que alguien lo sostiene.

Y hoy, en muchos hogares, falta ese sostén porque los adultos están desconectados, no por falta de amor, sino por exceso de carga mental.

Recuperar la presencia no implica tener más tiempo, sino tener momentos reales de calidad: cinco minutos de mirada plena, un cuento sin móvil cerca, una conversación tranquila, un rato de juego donde el niño se sienta visto. La presencia emocional es medicina, regulación y vínculo.

¿Cómo mejorar los malos comportamientos infantiles?

Los niños necesitan unos pilares fundamentales para desarrollarse de forma equilibrada: límites claros, menos pantallas y más conexión humana.

Necesitan adultos que sepan decir “no” cuando es necesario, que les ayuden a tolerar la frustración, que les ofrezcan un ambiente tranquilo y que estén disponible emocionalmente para sostenerlos.

Pequeños cambios pueden transformar la dinámica familiar: mejorar las rutinas de sueño, reducir estímulos digitales, recuperar el juego, cuidar el autocuidado de los adultos y establecer espacios de conexión diaria sin pantallas y sin prisa.

Cuando el adulto se regula, el niño aprende a regularse. Cuando el adulto está presente, el niño florece.

Cómo mejorar la salud emocional de los niños

Cómo puedes imaginar, si a la crianza respetuosa mal entendida, le añadimos el abuso de pantallas, la falta de presencia y el estrés parental, se convierte en un mejunge muy peligroso para cuidar la salud mental de nuestros niños.

Te animo a actuar desde el amor, la intuición y la coherencia. Educar con respeto es la única forma de enseñar a respetar. Para ello, la educación emocional es fundamental. En el Cuaderno de Emociones para niños y adolescentes encontrarás muchos recursos para hacerlo.🤗

¡No esperes a mañana para ponerte manos a la obra!

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